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Ya se encontró el modelo educativo más exitoso del mundo

Profesor León Trahtemberg Reproductor de audio

Lo primero que hay que lograr es que el alumno tenga miedo de ir al colegio. Miedo de fallar, de hablar, de no encajar. Que asocie la educación con presión, vigilancia y corrección constante. Así entenderá desde pequeño que aprender no es descubrir el mundo, sino sobrevivirlo.

Luego hay que asegurarse de que tema equivocarse. No basta con enseñarle, hay que evaluarlo con el mayor dramatismo posible: exámenes sorpresa, rúbricas arbitrarias y una dosis justa de ansiedad. Que crea que su valor como persona depende de una nota. Después, recórtale el recreo. Que aprenda desde los cinco años que el tiempo libre es un lujo breve y vigilado. Así se entrena para la adultez: poco descanso, mucha culpa.

Uniformarlo desde pequeño también ayuda. Nada de descubrir su estilo, sus particularidades, su identidad. Mejor todos iguales. Si logra verse como uno más del montón, será más fácil que acepte ser uno más en las filas del sistema. Y si un día se le ocurre hacer una pregunta que se sale del guion, hay que aplastar su curiosidad sin dudarlo. Usar frases como bisturí: “No interrumpas la clase”, “Eso lo vemos más adelante”, “Ahora no hay tiempo para eso”. Cada una de esas respuestas es una bala precisa contra el deseo de saber. Que entienda que preguntar está mal, que pensar diferente incomoda, que desviarse del plan es peligroso. Y cuando deje de levantar la mano, sabrás que vas ganando.

Lo ideal es que aprenda lo mismo que aprendieron sus abuelos. No importa que el mundo cambie cada semana. El currículo debe permanecer inmóvil, como un fósil. Así se garantiza que lo que aprenda no le sirva para casi nada, y eso es perfecto, porque así dependerá siempre de alguien más para entender las cosas.
Debe estar atormentado si se equivoca. Que no lo vea como parte del aprendizaje, sino como una vergüenza pública. Que prefiera callarse antes que arriesgar. Que asocie el error con humillación, y la prudencia con éxito. Así jamás intentará algo nuevo sin pedir permiso.

La creatividad, si aparece, que sea dentro de una rúbrica bien diseñada, con tiempos definidos y sin ruido. Una creatividad controlada.

Y que aprenda desde temprano que para competir y ganar hay que saltearse el fair play y apelar a toda maña que perjudique al rival sea que esté como jugador el campo o como espectador en la tribuna alentando a su equipo y denigrando al rival. Que aprenda que el verdadero éxito va de la mano con la arrogancia y descalificación hostil del rival. Así arruinamos el sentido profundo de competir lealmente y lo reemplazamos por una simulación donde todo vale. Un mundo sin ganadores claros, ni aprendizajes duros, esconden la renuncia al esfuerzo verdadero.

Y al final, premia al alumno que no molestó. El que no habló, no discutió, no brilló. El que no dejó huella. Ese es el trofeo silencioso del sistema: un adulto dócil, confundido y agradecido por haberse graduado sin saber quién es.

Pero si aún queda algún alumno que al salir del colegio quiere cambiar el mundo, hay que advertirle con fuerza que eso es muy ingenuo. Que mejor busque estabilidad, un sueldo fijo y que se acomode. Que soñar es cosa de niños, y que la adultez consiste en ceder. Si persiste en sus ideas, enséñale a dudar de sí mismo: que lo tomen por idealista, por loco, por desubicado. Eso lo mantendrá a raya.

Y en caso de que algún maestro tenga la osadía de innovar, de conectar con sus estudiantes o de romper el molde, hay que aislarlo. No reconocerlo. Que se canse. Que aprenda que la pasión cansa más que la rutina. Que enseñar es seguir el guion, llenar formularios y no hacer olas. Si no se alinea, ya habrá alguien que le recuerde que ese no es su rol.

Y ahora la aclaración. Este texto es irónico. Pero si lo que digo parece exagerado, tal vez sea porque ya nos acostumbramos demasiado a lo absurdo que significa mantener el actual modelo educativo que desincentiva el disfrute de aprender y convivir armoniosamente con los pares. La ironía de “Ya se encontró el modelo educativo más exitoso del mundo” es que se trata del modelo tradicional más vigente que elimina la curiosidad, la autenticidad y la autonomía. Lo difícil no es diseñarlo, lo difícil es desmantelarlo. Porque para eso necesitamos adultos valientes que recuerden cómo era cuando aún querían cambiar el mundo.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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